Primeras consideraciones de la canon mark II

Hoy quiero hablar de las virtudes de la palabra limitación, que también es sinónimo de escasez, para el trabajo creativo. La creatividad artística es abundancia. Abundancia de ideas, de talento, de imaginación ilimitada, etc, etc. Pero pocos saben que sin limitación la creatividad es imposible. Los más bellos poemas afloran en el pedregoso camino de la imposición de una métrica. Y cuando las palabras alcanzan ese sonido ablandador, aunque el poeta quede exhausto, se sentirá contento de su creación

Canon mark IIAsí que cumpliendo con la recta enseñanza de algunos de mis maestros, de compartir lo vivido para allanar el camino a quienes no lo han transitado, narraré en varios capítulos la aventura de cómo filmar una película documental con una cámara fotográfica y de cómo convertir sus limitaciones en ventaja: La cámara en cuestión es la conocida canon 5d mark II, y la película es El Gran Pilar, sobre la cual hice mención en el artículo de apertura de este blog.

Empecemos por una breve consideración sobre la producción independiente. Tanto si la producción es propia, o por encargo, puede decirse que en nuestro oficio hay cuatro niveles de trabajo: con presupuestos altos, medios, bajos y gratuitos. En todos los casos el nivel de stress es el mismo. Stress por trabajar sin un duro, por tener poco y estirarlo al máximo, o por gestionar un presupuesto grande al frente de un montón de egos, que es lo mismo que trabajar con una chinche en el culo. Conozco de primera mano los niveles mencionados.

En el caso concreto de El Gran Pilar, el presupuesto era modesto tirando a medio. Determiné tomar una parte del “tirando a medio” para comprarme una canon 5d mark III, colegas del sector me convencieron de sus increíbles virtudes. Ya en la tienda, escuché con atención la brillante exposición del agente de ventas, construida en su mayor parte a base de evidenciar las limitaciones de su antecesora, la canon 5d mark II.

Finalmente, y después de analizar pacientemente sus parámetros y constatar que a plano fijo la calidad de imagen en ambas no ofrece ninguna diferencia  me decidí por la mark II a sabiendas de que posee dos limitaciones muy importantes: La falta de referencias para el enfoque; es decir el no saber a ciencia cierta si después de una toma has enfocado bien o mal. Y algo pero aún; a la hora de hacer barridos, el sensor de la cámara, que no es muy rápido, crea una distorsión en los elementos verticales haciendo que, por ej, una columna parezca que se dobla. Esto supone de entrada la renuncia casi total a trabajar con cámara en mano y asumir que el ritmo de preparación por tomas sería más lento que con una cámara específica para video, o cine.

Si tenemos en cuenta que los documentales requieren de equipos cuya respuesta a los imprevistos de rodaje deben ser inmediatas, mi decisión parece un tanto absurda  ¿Entonces qué me hizo tomar esta decisión? Lo primero, la calidad de imagen de la cámara. Lo segundo, con la diferencia de precio de la mark III, más unos pocos euros, me hice con lo que me interesaba realmente, una buena óptica, un 50mm Karl Zeiss. No soy amante de las multiópticas y la que traen por defecto estas cámaras no me acaban de gustar. También compré un mini monitor photty, un trípode, un polarizador y un porta filtros. Y por último, adquirí una Go Pro como apoyo en un caso de apuro. El gasto total no superó los cinco mil euros.  En el siguiente post hablaremos de cómo sacar el máximo partido a estos equipos.

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