El guión en el documental

Hola Amigos,

Hoy quiero compartir con vosotros algunas ideas sobre el guión en el documental. No son pocos los colegas que me han contado que han iniciado un proyecto documental y han acabado por dejarlo aparcado, por haberse enredado en una montaña de metraje filmado y luego no saber qué hacer.

Una de las cualidades más sutiles del género documental es que es “aparentemente” fácil. Una persona sola, con una cámara puede ponerse y empezar la producción de un documental. Basta con encontrar a un pariente, un vecino, un amigo, etc, cuya personalidad contenga una historia digna de ser contada. Con esos mínimos cualquiera puede lanzarse, pero ojo, no es fácil. El género documental, así como el cine en general es un oficio y, como tal, tiene sus leyes y principios básicos que conviene conocer.

A diferencia de una película o una tele serie, en el género documental, el guión no se escribe al principio, más bien se hace en la mesa de edición. Un guionista de ficción puede concebirlo todo en su mente. En el documental, en cambio, se trata de un continuo trabajo de campo. Pero, ¿por dónde se empieza? Desde mi modesta opinión aquí está la clave.

Imagina que te acaban de presentar al protagonista de tu posible film documental y te dispones a entrevistarlo para conocerlo mejor. ¿Cómo abordas ese momento? He dicho que ese momento es clave. Invitar al personaje a un café para romper el hielo y te cuente su vida puede ayudar. Él te contará muchas cosas, la mayoría de las cuales, las que él cree importantes, además de otras que en un principio parecen secundarias.

A estas últimas suelo prestarles especial atención, sin descartar nada. La primera regla de oro para que una persona hable de sí es tener en frente un buen oyente. Y esto es difícil, sobre todo si el realizador es inseguro. Cuando uno es inseguro buscará encuadrar lo antes posible una idea general sobre la que trazar el rodaje, y esto es nefasto porque limitas tus posibilidades creativas, lo cual da lugar a un mal hábito, muy común en este terreno, que consiste en utilizar a tu protagonista para tus fines creativos, cuando de lo que se trata es de que mostrar la esencia de tu personaje para lo cual has de ser muy flexible. Una flexibilidad que yo llamo: La suerte de entrar en mundos no explorados. Y es aún mejor cuando, ni siquiera el protagonista lo ha hecho.

Cuando no tienes miedo, te entregas  a escuchar hasta que todas las luces del ok vibren en tu mente. Pongo por caso una anécdota personal. Entrevistaba a un pintor sirio, practicante de la religión islámica. No tengo que extenderme sobre la enorme carga de juicios previos que surgen cuando uno escucha la palabra musulmán, o islam.
En un principio Fouad, que es como se llama, me explicaba los pormenores de una vida complicada, debido a que en su país fue un pintor de mucho éxito y aquí, en Barcelona, no había completado el clásico sueño del emigrante que busca una vida mejor.

A primera vista esto parecía lo más importante. Pero resulta que cuando hablaba de su relación con su ex, también de origen sirio y que le acompañó en la aventura a Barcelona, adoptaba una tonalidad especial que fue lo que finalmente me cautivó. Sin esperarlo, él me ofreció una faceta poco común respecto de lo que estamos acostumbrados a ver sobre cómo se comporta un hombre musulmán con respecto a las mujeres.

A él le daba pudor hablarme de esos temas, y le extrañaba que eso me interesase. Para mí era simple, ese era el tema que más peso tenía en su vida. Y la profesión de la pintura era la vía que utilizaba para intentar comprender su propia situación. Finalmente aceptó, con condiciones, ser filmado y que hablásemos de un tema tan personal. Las condiciones fueron que debía estar yo solo con él en todo momento, no quería a nadie más detrás de la cámara.

En esta caso, usé el método de tomar notas de los puntos esenciales de vida, sobre todo los que estaban ligados a su situación sentimental, como hilo conductor de la historia. Luego usé como escenario los sitios de Barcelona más frecuentados por él, pero específicamente los que estaban más ligados al tema sentimental y a ciertos momentos de evocación de su siria natal.

De este modo tenía ya el contenido específico de trabajo, y además, una algunas ideas de la forma estética que tendría el film. A partir de aquí dividí el trabajo en dos partes. Una entrevista en su casa, y en segundo lugar, algunos planos por la ciudad.

Demás está decir lo arduo que resulta estar pendiente no solo de lo que se dice, sino también de los múltiples parámetros de cámara, ISO, velocidad de obturación, diafragma, etc,  ya que se trata captar el momento espontáneo, como viene, intentando no repetir lo dicho “para mejorar” y esas cosas que tanto se notan.

Conviene decir que para facilitarme más el trabajo usé otro truco que consiste en usar la textura del día como filtro, evitando las horas de sol más fuerte. Esto, unido a una buena óptica, en este caso un 50 K. zeiss, aporta una calidad de imagen de mucho volumen y riqueza de texturas, o sea, lo que se conoce como: Look de cine. En resumen, si de antemano escuchas con verdadera atención lo que el protagonista te ofrece, hacer un documental se convierte en una especie de No hacer que trae consigo una sucesión de sorpresas en la mesa de edición en la que experimentas de todo menos esfuerzo. Recuerden, mientras más escuches a tu protagonista más fácil te será encontrar soluciones de contenido, y estética, sin que tengas que intentar hacer algo bonito, o llamativo.

Una flor no florece para ser halagada, y menos aún para ser arrancada. Solamente sigue el ritmo de la fuente de la vida.

Y bueno, es todo por hoy. La semana que viene más. Y os dejo el enlace del documental referido. Juzguéis vosotros.

chao.

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